Buscar
06:36h. martes, 30 de noviembre de 2021

El Arcón de la Edad....Por Cecilia Álvarez González.

Nuevo articulo de nuestra editora Cecilia Álvarez en nuestra sección Palabras Hilvanadas.

EL ARCÓN DE LA EDAD.

Cecilia Álvarez.

   A medida que crecemos y nos adentramos en los vericuetos de la vida, con todas sus fases y ciclos, con los años que vemos pasar por nuestro cuerpo, nuestros sentimientos, nuestra actitud ante la vida, nos vamos llenando de capas, como los troncos de algunos árboles, donde cada una de ellas conlleva el irremediable paso del tiempo.

   También las personas nos vamos cubriendo de capas, de esas partes de nuestra vida que van quedando selladas en silencio, como si cada una de ellas no tuviera que ver con la anterior. Todas llevan consigo su propia historia, no importa si llevan impregnadas nuestras alegrías o nuestras lágrimas. Todo queda recogido en nuestro arcón de la edad, allí donde vamos guardando lo vivido, igual que los troncos de los árboles. 

   Cuando ya eres mayor, sientes, a veces, la necesidad o curiosidad por recuperar lo vivido, hacer una especie de balance de que lo que ha sido tu vida y decides abrir tu arcón para encontrarte con eso que llamamos recuerdos. Te encuentras entonces con tus propias etapas de la vida e intentas separar lo que fue la infancia, de la juventud y la madurez. Y aquí, en este punto, caes en la cuenta de que tu infancia ocupa un espacio concreto, bien definido y a prueba de cualquier duda. Pero no ocurre igual con la juventud y la madurez. En este caso, ambas palabras sufren de una confusa ambigüedad y te preguntas cuándo dejaste de ser joven para ser una persona madura, qué delimita, exactamente, la juventud de la madurez. ¿Qué tiempo abarca cada etapa? ¿Cómo asumir que has dejado de ser joven para pasar a ser una persona madura? ¿Cómo explicar que hay jóvenes maduros y personas maduras que siguen siendo jóvenes? ¿Dónde se encuentra, en definitiva, esa línea divisoria que separa las dos etapas?

   Retomo mi iniciativa de consultar la Real Academia Española y espero encontrar en los profesionales de nuestra Lengua lo que necesito saber sobre la definición de madurez y reza: “Período de la vida en la que se ha alcanzado la plenitud vital y aún no se ha llegado a la vejez”.  ¡Vejez! La situación empeora cuando intentamos situar en qué momento hemos llegado a esa etapa. ¿Es lo mismo madurez que vejez? ¿Cuándo dejamos de vivir en una de esas etapas para pasar a la siguiente? Y no me valen frases como “la edad sólo es un número” o “la edad se lleva dentro”. Ambas afirmaciones son igualmente ambiguas. Es cierto que sólo es un número, pero no sabes, a ciencia cierta, cómo procesas llevarla dentro. Quizá la respuesta esté en ese afán de constatar que los años pasan y pesan y se ha creado para ello una forma de justificar nuestro pavor ante el paso del tiempo y para no sentirnos solos antes nuestros temores, inventamos la crisis de los treinta, de los cuarenta, de los cincuenta, de los sesenta…

  Cuando pasas el umbral de los sesenta, ya no es una crisis. Te enfrentas a un vacío lingüístico que no te define. ¿Qué somos en realidad? Sencillamente, maduros y mayores. Pero, ¿cuánto abarca mayor? ¿Desde cuándo hasta cuándo eres una persona mayor sin que el Diccionario te encasille en la vejez? Creo que me quedaré con lo de “plenitud vital”.

   Me gusta la palabra plenitud. Sabe a sentirte bien, a creer que has pasado por todas tus etapas haciendo lo que debías hacer, a pasar lista de tus años y convencerte a ti misma de que no has dejado vacíos en el camino, sueños rotos en la almohada, tiempo perdido entre las dudas, cosas por hacer…