Buscar
00:04h. martes, 19 de octubre de 2021

"Las viejas Tertulias" nuevo articulo de nuestra editora Cecilia Álvarez Gonzalez.

Nuevo articulo de nuestra editora Cecilia Álvarez Gonzalez en nuestra sección Palabras Hilvanadas.

LAS VIEJAS TERTULIAS.

Cecilia Álvarez

  Cabizbajos, ausentes, abstraídos, ensimismados…Personas que transitan por la calle, por los transportes públicos, cafeterías y demás rincones de su entorno, atados sin remedio a la pantalla de su móvil, aparentemente ajenos al mundo, sin pronunciar palabra, como si  les resultara indiferente el amigo que pasa a su lado y que no ven, perdiéndose momentos de la vida, que tampoco pueden apreciar, sencillamente porque su vista está atrapada en ese artilugio que les adentra en un mundo virtual, sin caer en la cuenta de que en frente o a su lado hay alguien o algo que merecería su atención.

  Sería bueno recuperar ciertos hábitos de antaño, sin dejar de valorar los beneficios de las nuevas tecnologías, pero sin que éstas se adueñen de nuestra vida y nos convierta en prisioneros. No estaría de más reconquistar un tiempo para la tertulia, un tiempo para acercarse a los amigos, lejos del ajetreo y el contrarreloj, como aquella que practicaban nuestros abuelos y que algunos siguen haciendo a la sombra de un parque o al abrigo de la pequeña plaza de su pueblo. 

  Viejas tertulias aquellas de las que ni siquiera nuestras abuelas se libraron, por suerte. Claro que, la mayoría de ellas, disponían de pocas alternativas para que fuera de otra manera, cuando se reunían en torno a una mesa para bordar, a la luz de una vela, un quinqué o un candil, según  se brindara la ocasión. ¡Si aquellas mesas hablaran! ¡Si aquellas paredes contaran la cantidad de suspiros escapados de corazones vacíos de tanto esperar! Un punto y otro punto, a golpe de dedal se iba  haciendo el mantel, las sábanas con las inicialesde nombres prometidos y hasta un rosario de ilusiones que, la mayoría de las veces, nunca dejaron de serlo.

  Entre la luz parpadeante de la vela, fueron hilando esperanzas mientras se consolaban mutuamente por una separación obligada. Tal vez fue Venezuela, quizá la guerra, quién sabe si ambas cosas. Entre puntada y puntada, daban forma a una necesaria tertulia que, quizá hoy, los entendidos llamarían terapia de grupo, pero lo cierto es que, se llamara como se llamara, siempre había oídos para escuchar al de al lado, para acallar el llanto o incitar a una nueva ilusión...