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05:38h. martes, 30 de noviembre de 2021

Nuestra Señora del Carmen, Iglesia de El Salvador...Por Ivan Rodriguez

Nuevo artículo de nuestro editor Ivan Rodríguez.

La bellísima obra neoclásica de Nuestra Señora del Carmen que se custodia en ese fabuloso templo es del imaginero orotavense Fernando Estévez del Sacramento. Fue realizada en 1824. Se encuentra entronizada en su bello retablo, en la capilla colateral de la Epístola.

Ya desde 1659 se conoce con el nombre de la Virgen al establecerse allí el culto mariano. La actual efigie sustituyó a una imagen mariana del siglo XVIII que se traspasó a la ermita de San Telmo de esta misma ciudad, venerada actualmente bajo la advocación de Nuestra Señora de La Luz.

Esta nueva talla de madera estofada y pintada, de tamaño natural, tiene como basamento un grupo de nubes y querubines, solución ésta que se ha denominado en Canarias “imagen de gloria”. Tanto la Virgen como el Niño que sostiene en su brazo izquierdo llevan corona de plata dorada y van rodeados por una aureola de doce estrellas. La corona imperial de la Virgen del Carmen parece ser una espléndida pieza de 1666. Su cofradía tenía por misión la celebración del día de la Virgen y procesión por la calle y en el interior del templo el primer domingo de cada mes. Se extinguió y se reorganizó en 1874.

Actualmente participa en la procesión y en el posterior embarque de la Virgen cada 16 de julio, su onomástica, en el muelle de Santa Cruz de La Palma. La Virgen tiene la media luna de plata en su color que sobresale en su base. Su borde interior lleva una decoración estriada y pequeño querubín superpuesto justo en el centro. Es un atributo iconográfico típicamente mariano que nos recuerda la visión de San Juan Evangelista en su Apocalipsis.

El adorno del angelito es habitual en el Archipiélago, aunque aquí aparece sobre la luna y no sobrepuesto, como es lo corriente. Otra magnífica alhaja de plata sobredorada, y siguiendo los textos apocalípticos de “la Mujer vestida de Sol…y con la luna a sus pies…”, está formada por doce estrellas de ocho puntas alternando con rosetas que llevan en su centro una piedra azul. Ya en las cuentas de la Cofradía figuran el costo de la plata y el pago al platero en 1757. En éstas no se especifican si también llevaban las flores intermedias, aunque su aspecto es el de un conjunto unitario.

La hermosa expresión de esta imagen nos recuerda el semblante dulce y delicado de la Virgen del Rosario, esculpida por el mismo Estévez y que se venera en la vecina iglesia de Santo Domingo. Se inclina ligeramente sobre el Niño Jesús, mientras sostiene los escapularios con su mano derecha. Toda su figura es rodeada por una aureola de nubes y rayos irregulares que le imprimen aún más espectacularidad.

Es una preciosa figura que ha suscitado una gran veneración entre los hombres de la mar que la han erigido como Patrona. Es frecuente ver mucha gente en su capilla a cualquier hora del día y en cualquier día del año. Es una escultura muy bien conseguida que tiene el poder de atracción al que la observa y que parece “irradiar luz propia”. Es una obra maestra del singular maestro Estévez.