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05:21h. martes, 30 de noviembre de 2021

Verbos nefastos....Por Cecilia Álvarez González.

Nuevo articulo de nuestra editora Cecila Álvarez González en nuestra sección Palabras Hilvanadas.

Verbos nefastos

Cecilia Álvarez

   Hace unos días leí que “terminar” era un verbo nefasto, por entender que llevaba consigo cierto matiz pesimista. Ciertamente, terminar significa haber llegado, tocar la meta, culminar el proyecto empezado, el sueño emprendido o, simplemente, encontrarse ante la posibilidad de continuar, aunque en un sentido más optimista, terminar también puede significar empezar de nuevo, volver a emprender lo que todavía es posible, luchar por volver a conseguirlo, o bien intentar continuar…

   Tal vez, lo nefasto sea conjugarlo, adoptar un sentimiento de autocompasión que va trascendiendo a lo colectivo. Pero no es éste el único verbo reprochable que circula por nuestro diccionario. Hay otros igualmente nefastos que la sociedad actual practica con regularidad, añadiéndole, además, la correspondiente negación: “no ser solidarios”, con el hambre, la miseria, la enfermedad, la vejez, la incomprensión… y que mucho tiene que ver con otra forma igualmente nefasta y aplastante, como “vivir en soledad”: la soledad del que vive solo, la soledad del acompañado, la soledad del ignorante, la soledad del triste, la soledad del rico, la soledad del que nada tiene… De aquí a “mendigar” sólo hay un paso y de su significado saben mucho quienes lo practican día a día, noche a noche, como un castigo eternamente inmerecido que reciben unos cuantos, sin saber, a ciencia cierta, en qué momento de la vida alguien decidió por ellos y les convirtió en diferentes. Suponen una clase especial que recuerda con amargura, incluso, con indiferencia, cuál ha sido, durante siglos, uno de los más incomprensibles defectos de la Historia. Es un verbo cargado de connotaciones, para todos los gustos y sentimientos y que no siempre tienen que ver con lo económico. También hay quien mendiga amor, cariño, comprensión, una mirada de ternura…

   La ausencia de un poco de todo le da sentido a “deprimirse”, un verbo que se engendra en la impotencia del ser humano para asumir sus propias realidades o verdades y que, a veces, también son las verdades de los demás. Sin duda, los peores verbos son aquellos que para ahondar más en la sensibilidad humana se hacen acompañar de pequeñas muletillas, como “vivir penosamente”, “luchar sin tregua”, “conocer el exilio”, “padecer hambre”, “sentirse humillado”, entre otros, olvidando que también disponemos de algunos para satisfacer nuestras necesidades lingüísticas y que sería loable que todos, sin distinciones, pudiéramos conjugar: “sentirse bien”, “sentirse útil”, “sentirse amado”, “sentirse a sí mismos”, “vivir en armonía”, “vivir en libertad” o, simple y llanamente, “vivir”, sin más aditivos.